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Autoconocimiento transpersonal
MÁS ALLA DEL EGO. CONEXIÓN CON TU PARTE TRANSPERSONAL
Desde muy pequeños, hemos aprendido a estar en referencia externa, atendiendo las normas que, desde el exterior nos daban nuestros padres y maestros, fundamentalmente. Nos hemos adaptado a lo que nos pedían. El problema es que, en muchos casos, no hemos llegado a desarrollar lo que Kolhberg llama nuestra autonomía moral, y hemos incorporado automáticamente, es decir, de manera inconsciente, esas normas, creencias, valores exteriores, como reglas internas propias. En ese proceso de adaptación, incluso hemos llegado a confundir, nuestra identidad, o bien con los comportamientos que se nos pedían, o bien con nuestras capacidades, o bien con las creencias y valores del grupo al que pertenecíamos, o bien todos.
Nos hemos pasado la mitad de nuestra vida o más, alejándonos de la realidad de lo que somos, distanciándonos de nuestra esencia, lo cual nos impide conectar con todo el potencial que tenemos y cultivar un estado interno de plena satisfacción y autorrealización. En muchas ocasiones, ese alejamiento nos hace sentir un vacío, -que habitualmente no miramos porque genera malestar, ansiedad, etc-, que compensamos con variopintas estrategias que lo calman, que lo único que hacen es aplazar cada más el encuentro con nuestra profundidad. Tenemos que tomar conciencia de que llevamos la mitad de nuestra vida buscando la paz, la felicidad, etc, fuera, cuando está dentro.
UNA PROFUNDA ACEPTACIÓN Y AMOR POR NOSOTROS
“La curiosa paradoja es que cuando me acepto a mi mismo, puedo cambiar”.
CARL ROGERS
Al hilo de las maravillosas frases de Jesús y de Carl Roger, que has podido leer en las citas de las diapositivas anteriores, encontramos hoy en día autores como Alan Wallace y el Lama Rinchen, dentro del budismo tibetano, que nos recuerdan la importancia de cultivar la bondad amorosa hacia nosotros mismos, así como la compasión frente a los errores que cometemos desde nuestras aflicciones mentales. Desde este punto de vista budista, hemos de mostrar compasión hacia nosotros, sin autojuzgarnos. Esto no significa que justifiquemos nuestras aflicciones mentales ni sus consecuencias negativas o dañiñas, sino que aceptemos nuestros errores tomando responsabilidad hacia el cambio, pero sin identificarnos con ellos (yo no soy mis aflicciones mentales).
En la medida en que somos compasivos con nosotros y nos aceptamos con amor bondadoso, podremos serlo con los demás, pudiéndoles amar desde otro sitio más satisfactorio para todos. Pero esto requiere de la propia decisión y esfuerzo por cultivar esas actitudes hacia nosotros mismos, por nuestro beneficio y el de los demás, ya que el cultivo de pequeños momentos de nuevas actitudes (amabilidad, paciencia, alegría, compasión, etc), nos acercarán más a la felicidad.
Añadir respecto a la felicidad que se han hecho estudios sobre la idiosincrasia de las personas que son felices. Y una de las conclusiones, que nos expone Wallace en sus conferencias, es que esas personas “encuentran muchas cosas pequeñas por las que ser felices (…) Ellas sazonan su día encontrando pequeños momentos para ser amables, para ser compasivas, estar alegres, ser sabias, y eso ya le da sabor al resto del día, sazonan el resto del día (…) Y esto nos eleva de la oscuridad de la depresión, hacia la luz del bienestar genuino”.
DESCUBRIENDO TU VERDADERA NATURALEZA Y SENTIDO DE TU VIDA
Es tiempo de que inicies o sigas profundizando en ese autoconocimiento que va más allá de lo que ya sabes, más allá de tu ego conocido, y que puedas volver a casa, para conectarte con tu sabiduría interior, con tu verdadera naturaleza, con la fuente de esa felicidad duradera que no depende del devenir externo.
Según los grandes místicos, cuanto más cerca se está de nuestra esencia natural, de esa consciencia primaria luminosa y cognisciente que somos, más se manifiesta de forma natural nuestro sentido de vida profundo. Personalmente, me encanta escuchar el Dharma budista y a sus maestros, entre ellos al Lama Rinchen y a Alan Wallace, cuando hablan de que a medida que vamos cultivando y entrenando nuestra mente, quitando los velos de las aflicciones mentales que la obstruyen, y llegando a un mayor equilibrio de la misma, cultivándonos hacia dentro; en esa medida, estaremos menos reactivos y más en consonancia con nuestra verdadera naturaleza Búdica, en el camino de la generosidad, de la sabiduría, de la ética y del altruismo, con aspiraciones nobles que nos llevarán a desear y contribuir desde nuestro quehacer personal, a que todos los seres, incluidos nosotros mismos, estemos libres del sufrimiento y sus causas y podamos alcanzar la felicidad y las causas de la felicidad.
LOS EFECTOS DE LA RELACIÓN TERAPÉUTICA
La psicoterapia es un encuentro entre dos. Dicha relación interpersonal, con sus componentes emocionales y afectivos tiene, por sí sola, efectos terapéuticos para la persona. Este tipo de presupuestos, que tienen en cuenta la autenticidad y capacidad de amor y aceptación incondicional y empatía del terapeuta que acompaña, caracterizan las psicoterapias de corte humanista.
Hasta ahora, nos hemos relacionado con los otros, tal cual hemos aprendido a hacerlo. Es decir, nos relacionamos con los demás, según hayamos vivido nuestros primeros vínculos de apego en nuestras primeras relaciones tempranas. En esos momentos, fue tan importante, el contacto, la mirada, la palabra. Crecimos construyéndonos bajo ese tacto, esa palabra, esa mirada, de los nuestros, de los más cercanos.
Normalmente, cuando acudimos a terapia, tomamos conciencia de la cualidad y calidad que nos acompañó, en ese proceso, en nuestro pasado. Y muchas veces, necesitamos reconstruirnos bajo una nueva mirada, contacto y palabra del otro, así como bajo la nuestra propia, añadiéndole esas cualidades
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